Hay una delgada línea que separa la veneración de la idolatría. A menudo vemos personas arrodilladas "postradas" ante imágenes, también vemos como personas, en procesión, marchan para tocar alguna imagen de un santo o de la virgen.
Los santos son seres humanos, que son un ejemplo de vida en santidad y de amor al prójimo y al Señor, son ejemplos dignos de imitación, ya que es bueno; copiar, imitar, aprender, de lo bueno y loable que tienen los demás, sobre todo cuando "los demás", son ejemplo de vida cristiana.
María es el ejemplo más grande, de un humano, que tenemos en el nuevo pacto, (nuevo testamento); de vida en santidad, de vida en el Señor, de entregarse por entero para Dios, de darlo todo por amor, de obediencia, de recogimiento, de humildad, de fe, de caridad. María es la primera cristiana, María, a la que el Señor eligió desde toda la eternidad para “hacerse carne y habitar entre nosotros” (Jn.1, 14); no puedo imaginar las virtudes tan grandes que Dios vio en ella, para elegirla y declararla; "llena de gracia"(Lc.1, 28), "bendita entre todas las mujeres"(Lc.1, 42), porque obviamente son muchas y enormes. María nos da un ejemplo poderoso de intercesión en Caná, cuando ella le dice al Señor "no tienen vino"(Jn.2, 3), y luego dice algo que debería ser un ejemplo inmenso para nosotros los cristianos y sobre todos los católicos, "hagan lo que Él les diga" (Jn.2,5), sean obedientes, síganle, háganle caso, pongan la vista en Él, solo en Él, ¡solo en Él!, es Él, el que hará el milagro...¡qué grande ejemplo! nos da la madre de Jesús y madre nuestra, sobre quién es el único poderoso, hacedor de todas las cosas.
Luego, en varios pasajes dice que "Maria guardaba todo en su corazón", no dice que ella andaba reclamando protagonismo, o declarando que ella tenía derechos, por eso es ejemplo de humildad, de ubicación para cada uno de nosotros.
María quiere que seamos consientes de quien es el único digno de toda la honra y la alabanza, quiere que hagamos como hizo ella, que centro su vista y su predilección en el Señor, que después de recibir la noticia más grande de toda la historia del universo, alzó los ojos y las manos al cielo y alabando dijo: “Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se estremece de gozo en Dios mi salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora...”(Lc.1,46-55).
Por todo esto, y mucho más…¡¡Toda la honra y toda la Gloria a nuestro Señor Jesucristo por los siglos de los siglos, amén y amén!!