
Si tuviéramos realmente fe, aunque sea como un grano de mostaza...si pudiéramos ser comunidad sana, llena del amor del Señor...si amáramos al prójimo como nos amamos a nosotros mismos...si dejáramos devociones sin sentido y alabáramos a Dios...si fuéramos de Cristo todos los días y dejáramos de serlo solo los domingos...si empezáramos a creerle más al Señor, no perderíamos el tiempo y empezaríamos a ser un testimonio vivo de su presencia aquí en la tierra....
Pienso que tal vez, seríamos como las primeras comunidades cristianas, como la iglesia primitiva. "Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse. (Hechos 2, 46-47)
Que hermoso sería, cumplir el sueño del Señor cuando oró al padre diciendo:
"Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. (Juan 17,21)
Creo que es posible; que se puede, solamente por ser lo que el Señor soño para su Iglesia, solo por que él lo quizo.
Tengamos siempre presente las palabras de Jesús, que se transformen en ley para nuestra vida, el Señor dijo: "El que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".
estemos dispuestos a hacer su voluntad; a no bajar los brazos, a creer en una Iglesia mejor, a creer en un mundo mejor, a creerle a Dios que las cosas buenas van a ocurrir y a creerle que su sueño de unidad y comunión en el amor es posible.

