lunes, 14 de junio de 2010

El Cristianismo es lucha.

El cristianismo es lucha, es combate, somos soldados de Cristo Jesús, como le decía Pablo a Timoteo:

“El que está bajo las armas no se mezcla en los asuntos de la vida civil, para poder cumplir las órdenes de aquel que lo enroló. El atleta no recibe el premio si no lucha de acuerdo con las reglas. Y el labrador que trabaja duramente es el primero que tiene derecho a recoger los frutos”. (2 Timoteo 2, 4-6)

El Cristianismo, no es una religión, insulsa, blandita, poco comprometida, que a veces tenemos los católicos.

El Cristianismo, es compromiso con el hermano, es vida en comunidad, es entregarse y entregarlo todo por amor, primero al Señor y después a los hermanos, es marcar la diferencia, con nuestra forma de ser, por qué ser Cristianos es hacer lo mejor, es dar lo mejor con lo que Dios nos dio.

No se puede ser cristiano y creerse producto terminado, estar satisfecho con la mediocridad, transar con las propuestas del mundo, televisión basura, pornografía, tomar como natural lo antinatural, creerse las mentiras que nos venden como verdades.

La vida no se trata de satisfacción personal, permanente y egoísta todo el tiempo. La vida es mucho más que eso, en realidad la vida no es una cuestión de lo que siento, sino más bien de lo que decido, es saber que no todas las cosas convienen.

"Y sépanlo bien: ni el hombre lujurioso, ni el impuro, ni el avaro –que es un idólatra– tendrán parte en la herencia del Reino de Cristo y de Dios. No se dejen engañar por falsas razones: todo eso atrae la ira de Dios sobre los que se resisten a obedecerle. ¡No se hagan cómplices de los que obran así!" (Efesios 5, 5-7)

Estemos preparados para los ataques del mundo, para los embates maliciosos, para el ataque contra la familia como Dios manda, preparados para enfrentarnos contra los programas de tv que ponen imágenes de parejas haciendo de todo en horario de protección al menor, preparados para decidir lo correcto cuando tienten a nuestros hijos de 9 o 10 años, a ir la disco para menores, como si hubiera necesidad de que eso suceda a esa edad, en vez de a los 16 o 17; promueven que los niños quemen etapas y salteen vivencias como para que lleguen rápido a la situación de generar consumo, y a la aparente “libertad” que otorga que tus padres te dejen hacer lo que quieras; preparados para no creerse que es natural el divorcio, el aborto, la drogadicción, la acumulación de riquezas, la felicidad que trae el ultimo celular de moda; o que tomar una bebida alcohólica te hace ser más divertido, porque la verdad es que te hace sentir tan tonto como te sentís al otro día con la resaca que te deja.

Lo peor es que nosotros los Cristianos a veces aceptamos estas cosas y no decimos que no.

Aunque Jesús nos enseño claramente a decir, si a lo que es sí, no a lo que es no.

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